Con algo mas de tres cuartos de entrada dieron ayer el paseillo en el coso de San Roque los toreros Enrique Ponce, Manuel Jesús El Cid y Alejandro Talavante, para lidiar toros de la ganaderia de Ramón Sorando.
La tarde había levantado una gran espectación ya que la calidad de Ponce y El Cid en Pontevedra ya se había demostrado en anteriores ferias y la de Talavante era su primera vez aquí.
Los astados, en conjunto, no demasiado buenos pero aceptables y mucho más si se comparaban con los de la tarde anterior.
La tarde era ilusionante y no defraudó en absoluto. La puerta de toriles se abrió por primera vez en la tarde para Enrique Ponce. El primero del lote para el maestro de Chiva fue un buen toro, con el cual supo dar unas buenas tandas y grandes muletazos, cuajando una gran faena, pero como parece que es el lastre de esta feria falló al matar, ya que necesitó descabellar y descabelló mal y en repetidas ocasiones. Una pena por que la faena fue realmente fantástica. Se tuvo que conformar con una gran ovación y saludo desde el centro de la plaza tras vuelta al ruedo. Como curiosidad, en esta faena, o por lo menos algo que me sorprendió bastante fue el silenio sepulcral que envolvió la plaza cuando el valenciano se estaba preparando para matar, algo casi imposible en Pontevedra.
Tras la gran faena de Ponce, llego Manuel Jesús El Cid con el segundo de la tarde, un toro al que supo darle su espacio y su tiempo y que con una buena faena y un buen estocazo consiguió dos orejas de premio, quizás demasiado premio puede ser, pero que al apostre se quedaría compensado con el segundo de su lote.
El tercero de la tarde sería para Alejandro Talavante, un Talavante que se iniciaba en la plaza de Pontevedra y del cual se esperaba mucho muchísimo, y no decepcionó. Consiguió sacar unas tandas increíbles llevando al toro entre él mismo y la barrera con un espacio ínimo entre los dos, rozándose en cada muletazo. Esos fueron muletazos de mucho valor, donde Pontevedra vió por primera vez al verdadero Talavante. Pero el chaval al final falló con la estocada pichando repetidas veces lo que al apostre hizo que se quedase sin trofeo su buena faena anterior.
En el último del lote de Ponce fue más voluntarioso y consiguió darle varios muletazos con las rodillas en el suelo lo que le valió que se llevara un apéndice para casa. Era el justo premio, aunque de no haber matado mal en su primero tendría la puerta grande asegurada. La gran técnica del de Chiva fue recompensada con esta oreja.
El Cid en su segundo de la tarde arriesgó algo menos, pero aun así la faena fue buena y de no volver a fallar con el estoque, por enésima vez en la feria, volvería de nuevo a recoger un trofeo.
Y así llegamos al último astado de la tarde, el segundo del lote de Talavante. La faena comenzó con varios pases de pecho pero con el avance de los muletazos el joven extremeño se sintió mejor y fue cambiando los muletazos intentando algunos imposiobles que solo le salen a los que saben mucho de esto y a los muy valientes. Para finalizar, tras un pinchazo, consiguiñó endosarle un gran estocazo con el cual el toro cayó fulminado y con el que se ganó las dos orejas que le abrirían la puerta grande del coso sanroqueño. Sin duda esta faena fue la primera de, esperemos, un largo y fructuoso idilio entre la plaza pontevedresa y el joven matador.
Y así finalizó la tarde y tras la retirada de Ponce con una grandísima ovación al muy querido torero, salieron sobre los hombros de los mozos los otros dos toreros que completaban la terna.
Destacar que por fin se hizo una ola como mandan los cánones en el coso de San Roque tras los intentos fallidos del día anterior, dejando boquiabierto al mismísimo Talavante, cosas que junto con los numerosos cánticos y coros hacen que el sobrenombre de la Pamplona Chica sea más que justo para la plaza de la ciudad del Lérez.
Para mi Talavante fue el triunfador sin duda.
Esperemos que vuelva.
Por cierto para el año que viene abono.